El arte del debate

Twitter, Facebook, el bar de Luis… redes sociales donde interactuar. Nos comunicamos y compartimos nuestra visión del último partido, la última tontería que dijo el político de turno, o aquella magufada sobre la homeopatía de la que aún se tiene creencia en este siglo. A medida que hablamos, él no disimula su enojo: primero negando las evidencias, después haciendo aspavientos y, en función de la valentía que sienta en ese momento –porque en las redes sociales todos somos osados–, llegará al insulto. ¿Te suena esta situación?, ¿y si eres tú mismo el que la provoca?

Donde duele, inspira es el título que para mí hace referencia al mejor LP del rapero Rafael Lechowski. Dicho nombre evoca a lo que en este artículo quiero explicar. Pongámonos en situación: ¿Recuerdas cuando eras joven y en gimnasia te mandaban correr? Ese dolor punzante que sentías en la parte abdominal que te frenaba, te impedía continuar con el ejercicio. En efecto, el flato te había dejado K. O., aunque fuese por unos minutos. «¿Qué puedo hacer, profesor?», «Tan sólo coge aire, inspira y expira, y en breves se te pasará», respondía con tranquilidad. Efectivamente, funcionaba.

Esto mismo lo podemos aplicar a cuando debatimos. Piensa en el último día en el que tuviste un enfrentamiento verbal –es probable que si eres asiduo a Twitter fuese ayer mismo–. Cuando te llevan la contraria notas un dolor. No es flato, es el ego dañado, te están llevando la contraria. Se trata de un dolor próximo al corazón, notas la presión, te hierve la sangre, ¡cómo se atreve a negar lo que yo sé! Entonces comienza una batalla donde, en el mejor de los casos, el combate terminará en tablas al sonar la campana de retirada o, en el peor, con el enfado de ambos participantes. ¿Qué has ganado con todo esto?, ¿te sientes mejor?, ¿notas una corona de laurel posándose sobre tu coronilla? No, el enfado continúa. Es la decepción de una derrota injusta. No has aprendido nada, simplemente has perdido un tiempo valioso en intentar hinchar tu ego.

Lo siento, perdóname por ser tan directo, pero eres un cateto. La mayoría de las veces que hablas no tienes ni idea, solo cuentas tu verdad. Los seres humanos somos horribles en cuanto a suponer la realidad, todo lo que creemos no tiene por qué ser cierto, de ahí a que haya que tomarse el tiempo necesario para consultar fuentes oficiales. Un apunte: en EE. UU., ¿qué es más peligroso para los niños, las armas o la piscina? Solo tienes que leer la obra Freakonomics de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, para darte cuenta de lo horribles que podemos llegar a ser los seres humanos teniendo en cuenta cómo funciona el mundo.

Pero rebobino, vamos a la cuestión principal de todo el meollo: ¿qué queremos conseguir cuando debatimos? Lo incorrecto es hacerlo para aumentar nuestro ego, sentirnos superiores, creer que somos intelectuales. ¿Cual debería ser la finalidad? Aprender, descubrir, compartir, poner a prueba nuestras creencias. Únicamente con esta meta y al terminar el debate, ya sea el resultado que fuese, será una victoria para ambos.

¿Y eso cómo se consigue? Debatir correctamente es un arte, de hecho, existe un campeonato mundial donde los españoles podemos estar orgullosos de ser unos contrincantes muy persuasivos. Todo depende de nuestra cabeza, de la calma con la que reflexionamos la respuesta. Nos defendemos de los ataques, no nos dejamos llevar por la ira. Nos mantenemos tranquilos. Es como una partida del Counter Strike, si te dejas llevar por el enfado, tienes la ronda perdida –GG, EZ game (buen juego, muy fácil), expresión que se utiliza para picar al contrincante cuando ganas la partida–. Es importante que nos demos cuenta de la fragilidad de nuestras creencias, tenemos que ser conscientes de nuestra ignorancia, de que el tiempo cambia velozmente y que, lo que ayer era real, hoy es solo una sombra. Debemos hablar con seguridad, y para ello debemos contar con información veraz. Acude a fuentes oficiales, no te fíes de lo que aparezca en tu periódico de turno, no caigas en la tentación de hacer una búsqueda en Google con las palabras que tú quieres escuchar. Corrige tu error si no estabas en lo cierto, porque recuerda que el objetivo es aprender, no hinchar nuestro ego.

Debatir es un juego, un tira y afloja donde gana el que tenga mejores argumentos. Los debates son importantes para transformar nuestra mente, para descubrir nuevas realidades. Para socializar, para conocer, y todo esto se transporta a entender y descubrir nuevos intereses, nuevas experiencias en materiales culturales. Este es el motivo principal por el cual escribo este texto, ya que resulta importante para este proyecto.

Y recuerda, ante el primer insulto, el debate queda cancelado. Silencia, reporta y respira.

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